El valor de tener una afición

Tomás es un veterano jugador de wargames y un valiente escritor que ha decidido ayudarnos a revitalizar el blog con un post semanal sobre sus aficiones. Iremos disfrutando de sus artículos durante todo el verano, ¡no os perdáis nada!

Aún recuerdo con agradable cariño mis primeros pasos en Warhammer 40.000, envueltos en ese halo de entusiasmo que todos los adolescentes ponen cuando descubren una de esas cosas en la vida que sabes que te apasionará eternamente. Jugábamos con lo poco que teníamos y pasábamos calurosas mañanas de verano en el sótano de mi casa, moviendo miniaturas en una mesa más larga que ancha, sin importarnos el tiempo, los codazos por la falta de espacio o las farragosas reglas que componen el juego.

A los primeros torneos que participé llegué con esa inocencia de jugador novato, con todas tus miniaturas favoritas, aunque no las más adecuadas para enfrentarse a la experiencia que emanaba de los más veteranos generales. Y aun así, pese a perder todas las partidas, nos divertíamos magníficamente, teniendo todo el viaje de vuelta a casa con la cabeza llena de ideas para nuevas listas y combinaciones aprendidas. Se buscaba ganar, es cierto, pero también nos gustaba jugar con aquellas miniaturas que visualmente nos atrapaban entre sus espadas, pistolas y fieras poses.

No recuerdo cuando cambió esta sensación, cuando comenzó a escucharse progresivamente el mantra de “Warhammer 40.000 está desequilibrado”; pero esa frase retumbó en la conciencia de muchos jugadores y se convirtió, en cierta manera, en las palabras más tóxicas que he sentido en esta afición. Esas palabras hacían que los interesados en jugar no acabasen de dar el paso, y que amigos, incluso jugadores veteranos, dejasen a sus queridas miniaturas en cajas o vitrinas. Y me entristece que este juego, que ha hecho tanto por mí, avivando mi interés por la ciencia ficción, acabe siendo jugado de forma en que lo importante es ganar a cualquier precio.

Reconozco que no es el juego más equilibrado, pero tampoco apoyo la actual y extendida vertiente competitiva que se ha apoderado de este tipo de aficiones; tan competitiva que se prefiere comprar lo más efectivo con el único objetivo en mente de destrozar al oponente sin darle posibilidad de defenderse.  Y justamente son aquellos que repiten el tóxico mantra quienes más abusan de este estilo de juego, fortificándose en razones que ellos mismos cimientan. Existen sistemas que limitan el abuso de estos desequilibrios, creados por grupos de jugadores, pero padecen el mismo problema que el sistema original: se intenta castigar el abuso. Aunque por mucho que limites, siempre existirá un techo donde reside el exceso competitivo.

¿Entonces, se puede seguir disfrutando de este juego?

Por supuesto, pero tocará reeducar al conjunto de jugadores; no forzándoles a limitar su competitividad, más bien en enseñarles que el cómo se juega es tan o más importante que el mismo hecho de ganar. Debemos trabajar con los valores y la voluntad, entender que la diversión de ambos jugadores es el objetivo principal de nuestra amada afición. Es tiempo de recuperar Warhammer 40.000 como ese bastión que nos evade de la realidad competitiva de nuestra era; de hacer soñar nuevamente a nuestro niño interior.

Gracias por vuestro tiempo.

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