Cambios, cambios, cambios

Tomás vuelve para traernos una disquisición sobre Warhammer 40K y su inminente nueva edición. 

La vida está llena de cambios, e indudablemente en nuestras aficiones también. Con el avance de edición en Warhammer 40.000 hay jugadores que han puesto el grito en el cielo, mientras otros se mantienen expectantes para descubrir todo lo que está por llegar, como si fueran niños de nuevo. Al ser humano le gustan los hábitos, la rutina y lo conocido, así que cuando nos revuelven el mundo, tal como lo teníamos organizado, pueden crearse un buen abanico de emociones dentro de nosotros mismos.

La resistencia al cambio es un concepto que probablemente hayáis escuchado, y nuestro ámbito de ocio no se escapa de él. Ya lo pudimos notar cuando nos cambiaron cuadrados por círculos, doscientas páginas a un folleto de cuatro. Podemos aceptarlo y sobrellevarlo como buenamente podamos, o negarnos y buscar alternativas. La gestión de los cambios es algo que aprendemos en casa, en la escuela, en el trabajo; básicamente durante toda nuestra vida. Así que lo único que podemos hacer para desarrollarlo para que estos sucesos no nos afecten tanto es crearnos un hábito predispuesto al cambio, introduciéndolo en la rutina diaria con pequeños gestos que acostumbrarán a nuestra mente a valorar este mundo dinámico.

Sabemos que la séptima edición no es la más equilibrada, llevando a muchos jugadores abandonar el juego o a crear reglas de la casa para ajustar las grandes brechas competitivas entre los ejércitos, que no hacían más que complicar el asunto con más elementos a tener en cuenta. Será una edición conocida por generar las combinaciones más aberrantes de miniaturas con tal de ganar la partida; de las “deathstars”, las formaciones y de básicamente el auge hasta el límite de lo competitivo. Ahora se ha apostado por simplificar las reglas, crear un juego más dinámico y más accesible para potenciales jugadores. Se ha puesto más énfasis en un estilo de juego que largamente ha sido abandonado por muchos, que es el narrativo, y para mí uno de los elementos fundamentales de este juego: la increíble ambientación. La cantidad de trasfondo, aventuras e historias que nos ofrece es abismal, y apenas lo aprovechamos; ya sea para representar batallas históricas como poder crear tu propia narración, capítulo de marines espaciales o darle el toque final de personalidad a tu comandante, el trasfondo de Warhammer 40.000 es la esencia del juego, y  no las reglas que lo conducen.

Justamente, la suma de los cambios en reglas y trasfondo es lo que está costando más de digerir a algunas personas. Podrán gustarte, podrán no hacerlo, pero es inevitable que evolucionemos y no nos quedemos estáticos en ciertos elementos. Nos sentimos cómodos jugando ahora, aunque sepamos que la edición no es la más equilibrada, y a la vez nos estremecemos observando cómo se ha replanteado todo, tan rápido y diferente; que los vehículos ahora tengan resistencia; el atributo de iniciativa se ha esfumado; ¡el imperio de la humanidad ha sido dividido por una aterradora grieta disforme!

Sigue siendo el mismo juego, aquel que nos hará disfrutar de cada tirada de dado; de cada miniatura movida; de esos momentos de risas cuando tu mayor monstruo es abatido por la escoria más miserable del oponente; de asombro cuando pruebas tropas que largamente olvidaste en la vitrina, respondiéndote con creces; de cada nuevo amigo que hagamos. Y eso es justamente lo que no va a cambiar, ya que los lazos que nos une van más allá de reglas y trasfondos.

Gracias por vuestro tiempo.

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