El metajuego: cómo destrozar la intriga en los juegos de rol

Es más que probable que os hayáis encontrado este problema en vuestras partidas de rol, de esos jugadores que no son capaces de auto-limitarse y actúen acorde a unos conocimientos que realmente no tiene su personaje. Que digan detalles y conozcan vulnerabilidades de enemigos que un bárbaro de limitada inteligencia nunca llegaría a deducir. Si no se controla a tiempo, el metajuego es capaz de acabar con horas de trabajo y esfuerzo del director de juego por crear una ambientación, diseñar una trama compleja y entretener adecuadamente a los jugadores de su partida.

El perfil más genérico de los “metagamers” son aquellas personas que llevan aventurándose por los juegos de rol durante muchos años, conociendo al dedillo las reglas de cada uno de ellos y se han pasado días fisgoneando los libros sin ningún tipo de miramientos. ¿Qué el enemigo utiliza mirada hipnótica? Es un vampiro, hagamos estacas. ¿La espada reluce con un tenue brillo azulado con una inscripción élfica? Vorpalina +3, no hace falta que tiréis para averiguar qué es. ¿Hemos caído en una trampa? Tranquilos, en la tercera columna de la sala está el dispositivo de desarme. ¿Llegamos a un pueblo y no sabemos a dónde dirigirnos? Sin problema, esta campaña ya la ha vivido, nos ahorraremos deambular tontamente si nos dirigimos al molino y pateamos su puerta sin razón alguna.

Normalmente, este tipo de jugador, acaba fusionándose con un perfil donde lo único que se busca es maximizar las capacidades destructivas del personaje, dando como resultado unas aberraciones que ningún monstruo genérico puede batir. Los “powergamers” abusan del sistema de juego para acabar siendo un monstruo numérico que el director de juego no sabe cómo gestionar dentro de la partida de rol, y tampoco cómo dirigirse para que cambie su forma de jugar; el director de juego acabará inventándose formas de despacharse de este troll de las partidas con inventiva y sutileza, pero se acaba discutiendo de lo que es legal, de lo que no, se perderá la magia del rol y el propio director de juego acaba poniendo en una lista negra a aquellos jugadores que no quiere volver a ver en su mesa.

El verdadero problema es la transferencia de este estilo de juego a los nuevos jugadores, pues lo pueden acabar de ver como un ejemplo a seguir dentro de las partidas de rol, normalizado y sin castigo alguno.  Y acabas teniendo a unos jugadores que lo único que les interesa es arrasar con todo lo que pillen, conseguir el mejor equipamiento y jugar a algo que nada se asemeja al concepto de rol.

Si te has sentido identificado con este perfil y te ha molestado ¡bien! Tengo unas preguntas para ti que pueden ayudarte a limitar este comportamiento tan tóxico. La próxima vez que estés jugando, reflexiona sobre lo siguiente: ¿Tengo conocimiento de lo que está ocurriendo? ¿Los tiene realmente mi personaje? ¿Cómo actuaria normalmente yo con ese conocimiento? ¿Cómo actuaría sin ellos? ¿Qué podría hacer para conseguirlos dentro de la partida?

En cualquier caso, si las preguntas fueran insuficientes y crees que tus conocimientos pueden afectar a la experiencia de juego, habla con tu director de juego. La comunicación honesta ayudará a mantener la cordialidad y te podrá decir cómo actuar acorde a lo que él tiene pensado para la aventura. Él te lo agradecerá, y la resta de compañeros también.

Gracias por vuestro tiempo.

Tomás.

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