La autolimitación como estilo de juego

Todos, una vez hemos descubierto los entresijos de las reglas de nuestros wargames, acabamos aprendiendo cómo hacer que nuestros ejércitos se vuelvan extremadamente competitivos; ya sea dejándose el salario en miniaturas o pidiéndolas prestadas, las combinaciones que puede lograr nuestra retorcida mente de estratega convierten la partida en un compromiso muy tedioso para el oponente. Muchas empresas, ante el auge del carácter competitivo en sus juegos, han buscado un equilibrio para que toda su cartera de jugadores esté satisfecha; incluso comunidades de wargamers han creado sus reglas adicionales para seguir limitando más todo estos despropósitos del juego.

Y por mucho que se intente restringir o prohibir, siempre habrá un techo donde las personas competitivas encuentren su zona de confort. Siempre buscarán ganar a toda costa, independientemente si humilla al rival o si incentiva una partida divertida (porque su oponente va del mismo palo). Por esta y  muchas razones, creo que el camino adecuado para estas situaciones no es la limitación por parte de terceros, es la autolimitación. Ser tú mismo quién te obligue a jugar de una manera diferente, con miniaturas distintas y combinaciones inusuales para no solamente crear un ambiente agradable de juego, también para que puedas sorprenderte de que hay muchas otras formas de ganar sin usar las mismas tácticas de siempre.

Más que autolimitación, deberíamos llamarlo reto; se trata de retarse a sí mismo, a tus capacidades como estratega, tu inventiva en el diseño de listas de ejército y permitirte sorprenderte con aquellas miniaturas que, pese al tiempo que han estado acumulando polvo en la vitrina, puedan hacerte ganar una partida. La sensación de victoria es muy adictiva, pero si ésta la consigues muy a menudo y se convierte en un hábito, perderá ese sabor que se queda por haberte exprimido el coco y tomado las decisiones adecuadas en el turno correcto, esos nervios y sudores fríos en los turnos finales donde todo se decide en la tirada de unos dados y en el apretón de manos de dos contrincantes que se lo han pasado fantásticamente genial.

 

Y  no solamente te retarás a ti, también a tus rivales; cuando te presentas a la partida con un ejército fuera de lo común y con estrategias completamente novedosas, ganes o pierdas, plantarás la semilla de la autolimitación en él. Cuando observa que tu estilo de juego ha cambiado y te atreves a probar combinaciones nuevas, acabarás por sustituirle la mentalidad del “todo se vale para ganar” y se transformará en la de “no importa el qué, sino el cómo”. Si nos planteamos que el verdadero objetivo del juego no es ganar ni divertirse uno mismo, es hacer que el jugador que tengamos enfrente disfrute, el sentido de los wargames cambia por completo.

La implementación de este estilo de juego debe realizarse poco a poco, comenzando por pequeños detalles de nuestros ejércitos para ir adaptando a nuestro cerebro en situaciones que no puede predecir, que no tenga experiencia y suponga un riesgo para el usual objetivo de ganar. Este riesgo controlado nos hará crecer tanto como jugadores como personas, otorgándonos una flexibilidad mental cuando aparezcan retos en nuestras vidas más allá de las miniaturas. No a todo el mundo le gustará la idea, ni le gustarán los cambios, pero para aquellos valientes que aún siguen leyendo: ¿estás dispuesto a retarte?

Gracias por vuestro tiempo.

Tomás

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