Suerte: ¿una cuestión de fe?

Esa sensación que te recorre el cuerpo cuando los dados no te acompañan y por mucho que intentes esforzarte en jugar con la mentalidad de un ingenioso estratega, ninguna táctica te sale como deseabas. Esas partidas de ****** donde la impotencia está obligándote a bajar la cabeza y aceptar una prematura rendición, incluso bajo la comprensiva mirada de tu oponente empatizando en un momento tan desafortunado. Y lo primero que haces al tumbarte en la cama al anochecer es preguntarte: ¿a qué dioses he molestado para que me castiguen así?

Nos creemos que podemos dominar el azar con cálculos matemáticos y estudio de las probabilidades, pero una vez llegado el momento nos encontramos en situaciones que desafían nuestra lógica y hacen que los cimientos de nuestro sentido común tambaleen como la cintura de un Bellsprout. Lo que nos ha funcionado deja de hacerlo, y por mucho que pataleemos, nos enfademos o nos lo tomemos con un sarcástico humor, el azar continúa burlándose descaradamente de nosotros. Puede ser momentáneo, durar horas, días o incluso meses; rachas de tan desdichadas tiradas que lo único que nos dan ganas es de quemar los dados y tirar las miniaturas al contenedor (de reciclaje, por supuesto). Puede que incluso te pensaste el ejército para evitar jugártela a resultados difíciles y minimizar el impacto de los dados en los objetivos de tus partidas, e incluso así hay una fuerza superior que te doblega sin que puedas mediar con ella.

En mi vida, como jugador de wargames y juegos de rol, he padecido de estos bochornosos momentos para consumir la poca dignidad que me quedaba, y he sentido como en medio de una trepidante partida mi moral caía vertiginosamente hasta aterrizar en el mismísimo Hades. Y estas experiencias me llevan a lanzar la reflexión de hoy. ¿Es la suerte una cuestión de fe? ¿Qué es tener fe en la suerte?

Quiero creer que no existe ningún tipo de destino, que nada está escrito de antemano y nosotros somos dueños de nuestras acciones, y cuando ocurren estas inesperadas rachas de mala suerte me hacen replantear esta creencia: nosotros podemos decidir cómo va a ser nuestro futuro actuando en el mismo presente. Curiosamente también convive dentro de mi otra creencia, más primitiva, que susurra en el oído avisándome sobre la suerte que fuera a tener en esa tirada. ¿Confío en la ciencia o en mis instintos? ¿Y si simplemente creemos en que tendremos buena suerte?

Así como le ocurría al protagonista de Me llamo Earl respecto al karma y su particular filosofía causa-efecto, podríamos plantearnos lo mismo con la suerte. Como si tener buena suerte atrajese aún mejores resultados en lo que respecta al azar, y la mala suerte atrae peores. Incontables veces, en mis buenas rachas, antes de tirar un dado le he dicho a mi oponente “saldrá un seis”, y cuando aparecen esos seis puntos en la cara superior del dado no puedo evitar que una pícara sonrisilla se dibuje en mi rostro. Entre blasfemias y maldiciones del rival, por supuesto. ¿Cómo lo sabía? De ninguna manera, ni los dados estaban trucados ni consulté una bola de cristal. Simplemente sentí que era el resultado que aparecería debido a creer en mi buena suerte. ¿Causalidad o casualidad?

Y vosotros, ¿cómo sentís que es la suerte?

Gracias por vuestro tiempo.

Tomás.

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One thought on “Suerte: ¿una cuestión de fe?

  1. Tal cual, como en la vida misma, como cuando no encuentras sitio para aparcar el coche y antes de girar la esquina piensas “ahí hay sitio fijo” y lo encuentras. No creo en la magia, pero hay veces que parece que exista! 🙂

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