El afán consumista y la desidia del coleccionista

Tengo días en que no se absolutamente que hacer; la pereza se apodera de mí y todas esas actividades que tenía planeadas realizar se van al traste tal cual viene el gato a pegarse la siesta a mi cama. Y por supuesto, me pasa en nuestro fantasioso mundillo: miniaturas por pintar, libros por leer, partidas por jugar e incluso a veces  me cuesta arrancarme del sofá para ponerme escribir estos post. ¡Tomás, perro!

Pues sí. Es como aquellos días que te apetece darle intensamente a algún videojuego, abres la biblioteca de Steam y observas esa gran cantidad de títulos que apenas has disfrutado. Los compraste por el simple hecho de que estaban en rebajas y ahí se quedaron, a la espera de un día como éste donde no tienes nada mejor que hacer; y aun así, te da pereza instalarlos y jugar. Tantos videojuegos tan poco jugados, apenas saboreados y lo único que haces es una apuesta segura y enchufarte al que no baja de seiscientas horas; para variar, te dices con ironía. Aunque al cabo de dos o tres horas lo vuelves a desinstalar mientras te acurrucas con el minino entre las almohadas. Y también ocurre en los wargames: veo a todas esas miniaturas grises, a medio montar y pintar, esperando su turno para combatir en el campo de batalla con todos sus detalles lustrosos y brillantes. Pero mira, soy el vivo ejemplo del título de este texto; cuando salió Culto Genestealer para Warhammer 40.000 me prometí ir comprando poco a poco y pintándolo, y hasta que no tuviese cada una de las miniaturas adquiridas ya pintada añadiría la siguiente a la colección; y un año después, tengo cien cultistas y mutantes de color gris y apenas jugados. ¡Tomás, pero que perrazo!

Y ahora, pese a tener toda esa faena atrasada, lo único que hago es seguir comprándome las novedades de los wargames que colecciono. Que miniaturas para otros ejércitos, los reglamentos y otros libros renovados, escenografía, complementos “cuquis” como láseres o peanas de colores y cualquier mandanga con tal de evitar ponerme con los pobres Genestealers. Por suerte, las naves de X-Wing no hacen falta pintarlas, lo cual incita más aun mi espíritu consumista, y me hace crecer una culpa interior mientras relego en algunos cajones esos pobres TIE Fighters que solamente tendrán oportunidad de salir a aullar en partidas extremadamente grandes.

No me considero un coleccionista puro de miniaturas, más bien compro aquello que sé que voy a jugar, más o menos, y puedan añadir opciones interesantes a mis ejércitos; aunque después cambien las reglas y se conviertan en un bonito pisapapeles. Procuro centrarme en las tres o cuatro colecciones que tengo y no iniciar ninguna otra sin habérmelo pensado mucho. Y para ello estuve estrujándome la cabeza y reflexionando intensamente con tal de deducir qué claves son las idóneas para seguir con el entusiasmo y la energía para mantener vivas todas estas aficiones.

La primera de ellas es sencilla: ¡no puedes jugar a todo! Dedícate a uno o dos juegos en periodos de tiempo concreto, ya sea un año, seis meses o la duración de una liguilla. Evita adquirir las novedades de los otros juegos que has mantenido fuera de ese periodo activo, por mucho que te pique la cartera, y simplemente céntrate en todos los aspectos de aquellos con los que te has comprometido en la etapa actual; más adelante ya tendrás tiempo para comprar lo que quieras.

La segunda clave ya la comenté en el post anterior, y es la planificación. Para resumir, créate una rutina donde estés cómodo y te permita tener tiempo para el juego, para dormir, comer y el resto de responsabilidades laborales y familiares que tengas. Marcarte días y horas específicas sin obsesionarte en exceso hará que tu tendero favorito no necesite tener a mano el número de teléfono del manicomio más cercano.

La tercera clave es aprovechar aquellos juegos que están en mayor auge en tu grupo habitual de jugadores: cuando es fácil encontrar con quién echar los dados y unas risas es mucho más sencillo que mimes más esa colección. Aprovechar los eventos realizados por las tiendas especializadas como ligas o campañas, asistiendo a torneos mensuales y todas aquellas actividades que junten a todos los frikis que también sientan este entusiasmo son opciones muy viables. Compartir experiencias y momentos es esencial.

Finalmente, la cuarta clave es retarse a uno mismo; proponte desafíos, limitaciones y cualquier cosa que te parezca atractivo con tal de afrontar aquellos juegos más repetitivos y que puedes aburrir rápidamente, pero sientes que quieres invertir tiempo en ellos.  El verdadero entusiasmo por una colección crece dentro de nosotros, es nuestro deber buscar esas maneras para incentivarnos y que no nos ocurra como la biblioteca de Steam; básicamente porque las miniaturas ocupan mucho más espacio. No importa que después fracases con tus retos, o no llegues a tiempo para cumplirlos, la cuestión es buscar ese elemento que tu mente necesita para seguir adelante.

¿Y vosotros qué claves podéis compartir para evitar que la pereza se apodere de vuestro coleccionista interior?

Gracias por vuestro tiempo.

Tomás.

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