Cosas que hemos perdido en los torneos de Warhammer 40.000

Recuerdo cuando comencé con este (in)sano vicio, cuando tenía pelillos en vez de bigote y mi cara parecía el lado oculto de la luna; un adolescente en su plenitud, vamos. Por esos tiempos corría la tercera edición cuando me introduje al Warhammer 40.000, pero no fue hasta la siguiente que comencé a entrar en la dinámica competitiva — por decirlo así — de este wargame.

Por lo menos dos veces al mes nos juntábamos unos cuantos y nos íbamos a Lleida, Barcelona o en la propia Reus para sacar lo mejor de nuestro general interior y tratar de llevarnos el primer puesto. Y ha sido cuando encontré una de las bases de esos torneos cuando me decidí a escribir este artículo; porque, sinceramente, hemos perdido muchas cosas que le daban jueguillo al ámbito competitivo de Warhammer 40.000. No solamente se puntuaba la victoria o el pintado, sino que existían otros factores importantes que diferencian enormemente lo que podíamos encontrarnos en los eventos de hará más de diez años.

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Trasfondo: si escribías un relato, aportabas información sobre la historia concreta de tu destacamento/batallón/enjambre, si personalizabas a tus personajes genéricos y le dabas coherencia al conjunto de unidades que llevabas, era puntuado para la clasificación final del torneo. Y es una lástima que hayamos perdido este aspecto, porque te obligaba a leerte el trasfondo de tu ejército, sus peculiaridades y a ejercitar la imaginación para sacarte una o dos páginas de Word si no querías perder el torneo por cinco míseros puntos. Y no, no servía el que traían los propios libros de ejército. ¡A currárselo, chaval!

Pintura: Aunque se sigue puntuando, no en todos los torneos se tiene en cuenta para el cómputo de puntos final; simplemente es escoge a elección de los organizadores el mejor pintado y se le entrega un detallito. Antes no era así, y podía otorgarte un treinta por ciento de los puntos totales del torneo. Incluso si lo tenías a medio pintar, algo podías rascar; o si eras un mastuerzo como yo, se distinguía la voluntad de llevarlo pintado, y de pintarlo con luces, veladuras, y toda la mandanga que algunos artistas lograban plasmar en el plástico.

A veces, en algunos de ellos, se ofrecían estos puntos en la clasificación, pero el premio al mejor pintado dependía de la elección de todos los jugadores presentes; a mitad del torneo, cuando tocaba comer, se exponían los ejércitos pintados y los participantes debían rellenar una papeleta con el que le haya parecido mejor pintado. Aquel que se llevase más votos, era el premiado.

Organización: ¿Cansado de combinaciones cerdas? ¿De ejércitos antitrasfondísticos por ser una mezcolanza de facciones, destacamentos y tal? Pues este apartado existía, y podía sumar como restar puntos. Básicamente ofrecía una forma de recompensar o castigar aquellos que afilaban las listas con el único propósito, pese a que hayan aportado un trasfondo acorde; vamos, que no hay excusas para ser cerdo, por mucho que tu imaginación las permita encontrar. Por el lado opuesto, aquellas listas que no estaban en la cresta de la ola podían rascar puntos y colarse por encima de otras pensadas para apisonar a sus rivales. Sobre todo se trataba de evitar la repetición de unidades que eran capaz de eclipsar al resto, e incluso a las del oponente.

Curiosamente solía haber un diploma para el mejor organizado, aunque acabó convirtiéndose en un elemento subjetivo derivado de la voluntad de los jueces/organizadores, que debían valorar lo más objetivamente posible qué ejército tenía una composición blanda o dura.

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En la variedad está el gusto, dicen.

Deportividad: algo que siempre se ha pedido en todos los torneos, pero se tenía más en cuenta anteriormente, pudiendo ofrecer puntos extras en la clasificación final, e incluso un diploma o premio por ser el más simpático del evento. Al final de cada partida, en tu hoja de resultados, podías optar a repartir puntos dependiendo del comportamiento de tu oponente, de lo bien que te lo hayas pasado con él y otros aspectos no relacionados con el juego en sí; claramente subjetivo, he visto enfados por una mala puntuación en deportividad, ya que no siempre los jugadores van a ser justos con su repartición de puntos. Con el tiempo evolucionó para no afectar directamente en los puntos de clasificación, y finalmente acabar convirtiéndose en un elemento residual de los torneos, que no pinchaba ni cortaba nada.

Puntos por ejército: Aunque aquí, Tarragona y Reus, sigamos jugando a 1.500 puntos como máximo, en otras ciudades y grupos de jugadores se han mantenido en la constante de los 2.000 puntos por jugador. Y justo este incremento comenzó por allá la quinta edición, añadiendo más unidades, más combinaciones y más atrocidades en los campos de batalla; pero pese a todo, no se veía tan descompensado como se podía ver en esta o la anterior edición. Personalmente encuentro que 2.000 puntos son excesivos para una partida de torneo, ya que si no son dos avezados jugadores que tienen claro qué van a hacer durante su batalla, difícilmente se llegará a acabar los turnos antes que el tiempo. A favor de los 1.500 puntos tenemos que hay menos unidades, menos posibilidades de encontrarse combos abusones e incluso, uno debe plantearse qué unidades introducir, dejando flaquezas en tu composición de ejército que otro oponente puede explotar para ganarte. Vamos, que te curte más como jugador.

Después hay variantes a 1.750 o 1.850 puntos, pero aunque no lo parezca, ese incremento puede aportarte mucha más flexibilidad de lo que piensas, ya que no es solamente añadir +250/+350 puntos a tu ejército de 1.500 puntos.

Premios: Con tal de que los jugadores vayan a por todas con sus ejércitos, muchos eventos han tomado la decisión de repartir al azar mediante un sorteo todo el material físico que se podía adquirir a través de las inscripciones, dejando diplomas o documentos acreditativos para los que quedaban primero, segundo, mejor pintado y otros. Antes no era así; antes el primero solía llevarse un buen cajote de plástico por montar, y muchas otras categorías también, por lo que el sorteo entre la muchedumbre que no había ganado nada era bastante inferior. Eliminando la relación directa entre premios materiales y clasificación final, muchos jugadores se centraban en hacerse listas para jugar y pasárselo bien, más allá de tratar de ganar una de esas suculentas cajas de Warhammer 40.000.

Aun así, siguen habiendo muchos participantes que el espíritu competitivo les puede, pero tampoco podemos hacer mucho más.

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Antes de que se entregaran las cucharas de palo, se daba esto para el colista.

Entrega de listas: Pues sí, antes si no entregabas tu lista a tiempo eras penalizado. Y eso como organizador lo agradezco. Ahora por mucho que exija un tiempo límite, muchos hacen lo que les da la santa gana. ¿En qué hemos acabado convirtiéndonos, chicos? ¿Dónde está el respeto por los que nos gusta pasarnos horas revisando los sucios ejércitos que nos enviáis?

¿Deberíamos recuperar alguna de estas tradiciones perdidas? ¿Les daría profundidad de nuevo a los eventos y torneos?

Gracias por vuestro tiempo.

Tomás.

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